Historias de una universitaria primeriza

Que vaya por delante que esto de estudiar no es una de mis habilidades más exitosas; pero, entre esto y buscar un trabajo mediocre o mal pagado que tampoco me llene mucho, decidí seguir el consejo de mis padres y culturizarme, o, como ellos dicen: “meterme un título en el bolsillo“. Realmente, tampoco importa mucho qué carrera elegí, ninguna me llenaba y algunas me interesaban, así que hice una interesante mezcla de asignaturas de diferentes materias, y aquí me puedes ver, empezando un primer año en la facultad de… bueno, en ninguna y en muchas, digamos que en mí el término de “universitaria” se usa en todo su esplendor, pues hago uso de casi todo el campus universitario.

Y es que, por ahora, lo que más me interesa es, precisamente, ese concepto que todo el mundo tiene de los universitarios. Creo que en los últimos años hemos sido intensamente influenciados por esos estudiantes de grado que vemos en las películas norteamericanas, y aunque nosotros éramos bien distintos, nos hemos ido acercando a su concepto de universitarios. Y yo llegué a esta etapa queriendo saber si realmente esta paridad puede funcionar, o es sólo un intento idiota de emular una sociedad que para nada es tan perfecta como nos la imaginamos, tan imperfecta como pueda ser la nuestra. En realidad, se puede decir que mi paso por la facultad es más un experimento sociológico que el ansia por estudiar una carrera, según mi punto de vista y los objetivos que me han traído a ello.

Por ahora, lo único que me asombra es lo poco que se parece la rutina de los universitarios real a la que tenemos en mente. Para mí, poco ha cambiado desde mis días de Instituto, a no ser que ahora puedo entrar y salir del recinto de las clases cuando me da la gana, y la locura de los horarios que van cambiado casi cada mes. Pero nada que ver con esa angustia que se supone hay que tener, con libros de mil páginas cada uno que hay que memorizar, con cientos de apuntes que corregir, y una concentración absoluta en todo lo que sucede dentro de esas clases que muchos pensamos que eran así como auditorios, pero que en realidad no son tan diferentes a las de cualquier otro centro educativo. No, realmente, el funcionamiento académico de la Universidad no está dejando demasiada huella en mí, lo estoy tomando normalmente.

Ahhh… pero el aspecto humano, eso sí es otro cantar. Para una persona como yo, social por naturaleza y con tanta curiosidad por la gente que me rodea, realmente está siendo una experiencia eso de conocer a tanta gente diferente. Diferencias además en todos los sentidos: de edad, de género, de raza, de creencias… sí que puedo decir que la universidad me ha calado en este sentido. Y quiero seguir explorando todo esto.